Simón Valdivieso Vintimilla
Nacen de todas las voces. Todas las voces, todas, confluyen en la obra de Martha Cardoso Feicán que hace no menos de un mes está entre nosotros, y resulta oportuna frente al momento histórico en el que eventualmente un derecho fundamental, el derecho a la libertad de expresión y pensamiento está pasando por sus peores momentos en la historia de esta patria entumecida.
Cuando leemos a Martha Cardoso nos encontramos con el ayer, pero también con el presente. De esas historias que se escribieron y se escriben en el día a día, debemos decir que fueron protagonistas todas las voces de esta ciudad y el país, y que aún las siguen siendo, porque la radio suena, porque la radio no se ha silenciado, porque la radio dice lo que la gente quiere oír y saber.
Hablar de historia es hablar de hechos y personas. En efecto en “Historias de radio” nos encontramos con nuestra Cuenca y su trajinar en el arte de la comunicación por ondas. Hay un recuento de la radiodifusión y sus actores. Es la “Voz del Tomebamba” en donde se edifican esos momentos en los que por ejemplo, las Hermanitas Reyes Nieto, le cantan a la vida al son de la guitarra que rasga Joel Alvarado, y en donde Carlos Ortiz Cobos es el creador de esos espacios de cultura que llegan a través de un transistor. Pero también aparecen Graciela e Hilda Malo González, Lucrecia Córdova, Dorila Cordero Iñiguez, recitando los poemas de los vates de la morlaquía, con el acompañamiento de Rafael Sojos Jaramillo, y porqué no decir, que ahí también se hace presente ese poeta grande llamado César Andrade y Cordero.
Esas historias que nos refrescan la memoria de los que fuimos testigos del tiempo, nos muestran a su vez aquello que no debe repetirse, porque lastimó y tuvo un alto costo social. Es pura coincidencia que esta obra aparezca ahora cuando la piel de la patria está cambiando. Hace falta esa voz de Monseñor Luna Tobar, que en cambio fue necesaria en aquella época y que nos enseño a no callar.
La realidad nos sirve bien que mal para fabricar un poco de idealismo, decía Anatole France, ese agudo librepensador francés. Y es que la realidad de nuestro pueblo toma forma a través de la palabra que fluye en forma directa o a través de un interlocutor, llamado periodista. Hay opinión y noticia, y como bien nos recuerda Martha Cardoso que en ese periodismo oral, hay pasión como también confluye en veces el error, y para ello recurre a David Berlo, que había dicho que en la expresión del emisor, en su proceso, no es lo que se dice, sino cómo se dice.
Las verdades pueden ser manipuladas con los sofismas y los silencios, nos dice la autora. Y de ahí que pensamos en voz alta que el periodista en tanto y en cuanto defiende la verdad, es un idealista, porque defiende o apuesta a una causa: la causa del ser humano.
En la obra de Martha Cardoso nos encontramos con lo que Nila Velásquez ha dicho. El pacto o contrato de lectura, con el que los ciudadanos se enfrentan a los contenidos informativos tiene, al menos, las siguientes dimensiones implícitas: dimensión cognoscitiva, ética y política.
Martha Cardoso a través de ese libro, ratifica desde su trinchera, que los medios de comunicación, son garante de la libertad de expresión y la democracia.
(Fuente: El Mercurio) |