Por Juan Pablo Campoverde / tomebambadeportiva@hotmail.com
Algún día debía ocurrir. En el Cuenca hay un gran déficit. Las historias de triunfo permanecen en el recuerdo. Los artilleros están sin las municiones para bombardear el arco rival. Existe sequía, como en el desierto del Sahara, de goles. El arco y la defensa dan más facilidades que un almacén de electrodomésticos en Navidad.
Y si a esto le sumamos, la falta de recursos económicos y la prolongación de la crisis en el equipo, concluimos que el cuadro cuencano tiene un gran déficit. Aunque el tema económico es noticia de un “periódico de ayer”, pero es la pesadilla con la que el cuadro cuencano debe sobrevivir en estos tiempos.
Otro déficit con el que cuenta el conjunto azuayo tiene que ver con su público. Sus hinchas lo han abandonado a pesar que su equipo le ha dado grandes satisfacciones en este año. Tan solo el cotejo con Boca Juniors en Copa Libertadores, el estadio estuvo casi repleto pero por la “novelería” de aficionados que nunca o casi nunca van a las jornadas futboleras.
Sin embargo, insistimos que algún día debía ocurrir. Lo de la carencia de recursos monetarios y la falta de hinchas en el estadio, han sido algo común en los últimos años y se ha convertido en algo anormalmente cotidiano.
En cuanto a lo futbolístico, todo se puede solucionar. Este equipo arrolló al rival que se puso en su camino. Texeira fue uno de los goleadores de la Copa, Preciado, Villalba, Matamoros, Granda, Paredes, etc., fueron elementos importantes en su vínculo con las redes. Ahora están con las pistolas mojadas y la pólvora está muy húmeda.
¿Cuántas veces Ronaldo se quedó varias veces con el grito del gol en la garganta? Y qué decir de Adriano, Batistuta, Hernán Crespo, entre otros, que pasaron por etapas de ausencia goleadora. Ese es el bache por el que atraviesan los jugadores del Cuenca y como es obvio, sin goles no hay resultados y sin estos, el malestar se extiende a todo el plantel. Pero pasará…
Otra preocupación es la escaza seguridad del cuadro “rojo”, producto de una zaga huérfana de técnica, liderazgo y solvencia. Orrego y sus mentiras arribaron a México para reforzar al Correcaminos. Un titular de un diario de Tamaulipas, estado mexicano sede del Correcaminos, anunció: “Llegó el Capi”. El “capi” para el “corre” y la “yuca” para el Cuenca.
El Expreso se quedó desprotegido, porque sin ser la gran maravilla, su experiencia imponía orden. Aunque este argentino era lento en sus reacciones, esto se compensaba con la rapidez de Chila. Al irse con sus excusas farsantes sin darle una alternativa al “rojo” abrió una brecha que ni Xavier Chila, ni Marco Quiñónez han sido capaces de cerrar.
Y el arco del Cuenca no es el de antes. En años pasados había garantía y el portero de aquellas temporadas salvaba y ganaba partidos. Ahora los perdemos. Cierto es que un jugador necesita continuidad, pero en esta posición no está permitida la espera, porque el ritmo y la madurez de un cancerbero podría llegar cuando el equipo esté descendido.
Con el aprecio que le tenemos a Morán, Álvarez y Alarcón, pero no están a la altura de las exigencias de este equipo. Aplaudimos sus actuaciones en cotejos memorables, reconoceremos su entrega por la divisa, pero como lo dijo el “chino” Benítez, preparador de arqueros del club: “Son excelentes suplentes”.
La esperanza que tiene el hincha es que los refuerzos, Esteban Xavier Dreer como portero y Diego Ianiero en calidad de zaguero, sean quienes doten de seguridad al plantel cuencano.
Duró apuesta por ellos. Él los ha visto jugar y conoce sus condiciones. Hasta el momento no se ha equivocado con los refuerzos extranjeros. Esperemos que estas contrataciones no sean la excepción.
Estamos seguros que el equipo se levantará ofensivamente en la segunda etapa. Si los nuevos contratados responden, ya no se perderán fácilmente los cotejos. Los resultados llegarán y la calma retornará al club.
Aunque lo económico y la falta de apoyo de los hinchas sigan siendo la “piedra en el zapato” de los dirigentes, los “camisetas coloradas” saldrán al paso para demostrar que el hecho de no clasificar a la tercera etapa del torneo nacional fue un simple resbalón pero no una caída dolorosa. |