Efraín Castillo y otros cuatro obreros trabajan en las calles del centro de Cuenca. Esta semana, se ubicaron en la Baltazara de Calderón. Allí abrieron cuatro orificios, con la ayuda de picos y palas. Una vez que ellos terminaron su jornada, Castillo, con minuciosidad, removió la tierra.
Él busca vestigios arqueológicos. Su trabajo está relacionado con el programa municipal de Arqueología Urbana. El propósito es encontrar algún resto antes de que el Municipio cuencano realice cualquier obra pública en las calles de la capital azuaya.
Una disposición
Inés Pazmiño, directora del Instituto Nacional de Patrimonio, asegura que todas las instituciones, no solo municipios, deben solicitar la autorización al Instituto para iniciar una prospección en zonas donde se conozca que hay presencia arqueológica.
Con esto, dice, se determina cuáln será el nivel de afectación de una obra pública, ante el posible hallazgo de restos arqueológicos en un determinado sector.
Según ella, si una entidad evade el proceso se aplican sanciones previstas en la Ley, como la paralización de la obra.
Pazmiño dice que hay desconocimiento de algunas entidades, aunque la mayoría de municipios sí lo ejecuta.
El director del Instituto Nacional de Patrimonio Cultural (INPC) en el Austro, Joaquín Moscoso, dice que la Ley de Patrimonio Cultural exige que en todos los sitios arqueológicos se debe realizar una investigación previa a la ejecución de una obra. La normativa fue expedida en 1979.
“El trabajo se cumple con el propósito de evitar pérdidas de posibles restos arqueológicos”, señala Moscoso. Desde este año, se puso más énfasis en respetar la disposición del INPC.
Por ejemplo, cuando se construyó el parqueadero del remodelado mercado 9 de Octubre, se ejecutaron excavaciones profundas pero no se realizaron las prospecciones arqueológicas correspondientes.
“En ese entonces, muchos vestigios de arqueología urbana desaparecieron, como el colector antiguo de El Gallinazo”. Por esa razón, ese proyecto estuvo varios meses suspendido.
Para evitar que algo similar vuelva a ocurrir, en abril de 2008 se firmó un convenio entre el Municipio de Cuenca y el INPC.
Allí se estableció un organismo adscrito a la Fundación El Barranco, de la Municipalidad. Eso dio paso a la conformación de la Unidad de Arqueología Urbana, para que también realice el catastro de arqueología de la ciudad.
Para el historiador cuencano Juan Martínez, este tipo de trabajos no se han realizado con la frecuencia requerida. A pesar de ello, destaca la importancia de las prospecciones, porque la ciudad se ubica en un territorio donde hubo ocupación humana desde hace unos 3 500 años. “En este territorio estuvieron las ciudades de Tomebamba, inca, y Guapondelig, cañari”.
Benjamín Cordero, director de la Fundación El Barranco, señala que la prospección se realiza en las calles Baltazara de Calderón, Bolívar, Loja y 3 de Noviembre. Allí se prevé el readoquinamiento y reposición de veredas. “Hemos encontrado vestigios de tipo cerámico de las culturas Inca y Cañari”.
Según Cordero, cuando se encuentra algún tipo de vestigio, la Unidad de Arqueología hace las recomendaciones para la protección, de acuerdo con su importancia. La protección y cuidado de los restos depende del informe de esa unidad. “Lo importante es saber su autenticidad e historia”, añade.
(Fuente: El Comercio) |