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?Mi nueva vida es un regalo de Dios?
Apenas se enteró de la posibilidad de obtener un trasplante de órgano se unió a un grupo de pacientes con similares  dolencias  y aspiraciones.

Además, encontraba modos para  importar las medicinas reactivas desde España.  Durante cuatro años lo hizo con el apoyo de la Fundación Atamari y luego de una coterránea.

En septiembre de 2009 fue la última vez que Miriam Peña atendió a doña Inés. Como cada 45 días, acudió para que le cortase el cabello. Mas, esa vez llegó acompañada por su esposo, Vicente Ochoa, quien la sostenía del brazo para que no cayera.

Seis meses después, atrás quedó el asombro que Peña sintió por la coloración amarilla de las córneas y de la piel, causada por una recaída de una de sus clientes favoritas.

Hoy  confiesa, emocionada, al saber que ella se recupera tras el trasplante y la ve como “una mujer luchadora, de alta autoestima que nunca se dejó vencer por las adversidades”.

Una y otra vez, el médico cuencano Franz Serpa insiste en resaltar la inquebrantable convicción de su paciente. Recuerda que no dudó en aceptar la propuesta de trasladarse a vivir en la capital por un tiempo incierto a esperar por el trasplante apenas apareciera un donante.

Su debilitamiento físico le hizo caminar apoyada por un bastón. Pero igual se trasladó a Quito, convencida de que  en  los médicos Juan José Suárez y Serpa había encontrado a sus ‘ángeles salvadores’.   Inés Naula por ahora vive  en la zona del colegio San Gabriel, en el norte de Quito. 

Ella cree que su nueva vida es un regalo de Dios. Por  gratitud será la portavoz, con su testimonio, de la campaña que  incentiva la donación de órganos. También se dedicará al servicio de sus hijos y de su esposo, quien en estos días se esmera en renovar  su casa en Cuenca.

(Fuente: El Comercio)