El pintor cuencano expone una serie titulada Lebensraum en la galería DPM, de Guayaquil
Lebensraum, en buen alemán, significa “espacio vital”. Este término fue aplicado para definir el proyecto expansionista del Tercer Reich, en el que Hitler decía que la existencia de un Estado quedaba garantizada cuando se dispusiera del suficiente espacio para atender las necesidades de su población.
El artista cuencano Pablo Cardoso emplea esta palabra para titular la muestra que inauguró, el pasado 21 de julio, en la galería guayaquileña DPM (Urdesa, Circunvalación Sur 111). Son diez obras que retratan paisajes de los Andes ecuatorianos, evocando los pintados por el estadounidense Frederic Church a mediados del siglo XIX.
Todas las piezas -la mayoría pintada con óleo y acrílico sobre lienzo- reflejan a la naturaleza detrás de un velo, una suerte de bruma pictórica que desenfoca las imágenes. Esta forma de “blur painting” tiene diversos matices: rojos, azules o grises.
Cada cuadro luce una cifra en su leyenda: desde Lebensraum 2, hasta Lebensraum 10. Falta la primera pieza -una reinterpretación de El corazón de los Andes, de Church- porque fue enviada al Salón de Julio y se expone en el Museo Municipal. Para completar la decena, la serie cuenta con Espejo negro, una obra con ocho partes de pequeño formato que tienen la misma temática.
Una de las motivaciones de Cardoso para hacer estas pinturas fue una dicotomía, especialmente notoria en el paisajismo del siglo XIX. “Hay un paisaje inmediato: el de la experiencia directa y objetiva; y hay otro que se reconstruye a partir de la memoria, la ideología o los afectos”, explica el cuencano en el blog de arte Río Revuelto y añade que en las expediciones científicas de la época había un interés doble: “la científico-ideológica por una parte y la artística por otra”.
El artista también denuncia que “hoy, gran parte de los escenarios pintados por Church no existen más. Ya no son paisajes, son territorios. Son circunscripciones sometidas a las necesidades de expansión de una sola especie” y opina que, en la actualidad, “ante una población global que demanda más recursos que nunca” la noción de “espacio vital” redefine la relación de los hombres con el paisaje, así como su posterior interpretación.
Para el crítico de arte Cristóbal Zapata, “de unos años acá, la pintura de Pablo Cardoso se ha concentrado en la indagación y transfiguración del paisaje”. Dice también que las creaciones del autor de Lebensraum tienen un filtro que se traduce en dos procedimientos: “el desenfoque o emborronamiento de la imagen y en el diseño monocromático a los que somete el objeto de sus cuadros”. Gracias a esto -considera el crítico- el artista muestra que “la pintura no es el resultado de la destreza manual, sino de la mirada del pintor”.
Zapata destaca que la serie, que se expondrá en DPM hasta el 21 de agosto, no es una “pura ostentación de virtuosismo, ni una mera nostalgia del país”, sino que en ella, la mirada de Cardoso “desmitifica, desublima, desrealiza el modelo realista, documental y teológico de Frederic Church”.
Asimismo, expresa que las obras introducen sutilmente un elemento crítico que les confiere “pleno sentido, su actualidad y eficacia”.
(Fuente: El Telégrafo)
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