Camina por largas horas y de forma pausada, le gusta redescubrir a Cuenca. En una libreta de apuntes, que lleva en un bolso, anota los detalles que llaman su atención. Él visita mercados, plazas...
De esa forma Francisco ‘Pancho’ Aguirre, de 48 años, percibe la realidad, que le sirve para su vida y su trabajo. Él es actor de la película ‘En el nombre de la hija’, que se estrenó este mes en el país. Interpretó el papel del tío Felipe en el segundo filme de la directora cuencana, Tania Hermida.
Para ella, es una inspiración. Cuando elaboró el guión de esa película, escribió el personaje para Aguirre. Se conocen desde hace 10 años y fue en la filmación de unos cortos. “Me gustó su interpretación, su gestualidad, su imagen como actor”.
Hermida quiso que estuviera en sus películas. ‘Qué tan lejos’ (2006) fue la primera. En la cinta ‘En el nombre de la hija’, Aguirre luce una cabellera larga y barba; muestra su rebeldía y frontalidad.
Por esa frontalidad fue a la cárcel. La primera vez fue en 1981 por defender a una trabajadora sexual en Quito y dos años después por pintar una leyenda en contra de Estados Unidos.
Su cabello largo es parte de su pinta, al igual que su rebeldía es parte de su personalidad. Casi siempre usa un pantalón jean, un suéter y zapatos de montaña. En sus largas caminatas saluda con decenas de amigos, teatreros, comerciantes informales...
Para Aguirre, ese contacto le permite tener un criterio de lo que pasa en el entorno y le ayuda para su actuación y su diario vivir.
Pero esas caminatas también le generaron problemas. Hace ocho años le asaltaron en el mercado 9 de Octubre de Cuenca, ciudad en la que reside desde 1990, por trabajo y también por amor.
Con un cuchillo hirieron su pierna izquierda y tiene dificultad para hacer ciertos movimientos. Desde entonces tiene carné de persona con discapacidad.
Todas las tardes descansa en el Café Cinema, en el antiguo Teatro Casa de la Cultura, que está decorado con afiches de películas. Es su sitio favorito para conversar. Allí se encuentra con amigos como Andrés Vásquez, compañero del grupo de teatro Quinto Río. Con ese colectivo, Aguirre obtiene sus principales ingresos por las actuaciones. Vive del arte.
Vásquez, quien también fue parte del elenco de ‘En el nombre de la hija’ , dice que Aguirre jamás se confía de sus 31 años de carrera. “Antes de salir al escenario siente nervios, temor... empieza a caminar y a conversar”.
El actor Jaime Garrido, del grupo Hijos del Sur, va más allá. Él destaca su trayectoria en teatro de la calle y sala, cine, televisión y cortometrajes.
Mientras se toma su café, conversa y enciende varios cigarrillos. A sus 14 años dejó de estudiar. “Mi profesor de álgebra agarraba mis deberes, los ponía contra una lámpara y si tenía un borrón… cero”. Perdió tercer curso en el Colegio Americano (Quito).
Desde entonces se convirtió en un autodidacta. Es un apasionado por los libros de filosofía, literatura, política… Al año lee más de 12 y su colección la guarda en estantes de su sala y comedor.
Solo deja de leer cuando se prepara para actuar. Ahora ensaya para participar en la obra de teatro ‘Ángel Exterminador’.
Al dejar los estudios, en 1977 aceptó la invitación de Ilonka Vargas para asistir a un taller de teatro popular en Quito. Luego trabajó con Jorge Guerra y el grupo La Ventana de Luis Díaz y Diego Villalga. Más tarde actuó en la calle con Carlos Michelena.
Según Aguirre, con Michelena se fajó y se formó en una época que recibió amenazas en el gobierno de León Febres Cordero. “Viajé a México para evitar agresiones”. Allí vivió seis años y al retorno se radicó en Cuenca.
En esa urbe realizó talleres de actuación en la cárcel de mujeres. María Rojas labora en esa cárcel desde hace 20 años. “A las internas les gustaba asistir a sus clases porque era carismático”.
A su alumno, Carlos ‘Cacho’ Gallegos, le contagió ese amor a la actuación. Le enseñó a ser disciplinado y a prepararse.
Al finalizar la tarde camina al departamento que arrienda en el centro de Cuenca. Para su esposa Ana Abad, es su maestro por corrige sus textos periodísticos.
(Fuente: El Comercio) |