Construcción de estación de bomberos pondría en riesgo a especies del Parque Nacional Cajas

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Las 28.544 hectáreas que conforman el Parque Nacional Cajas tienen una importancia trascendental para los cuencanos. Sus fuentes hídricas generan vida porque ahí se origina el agua que luego se consume en los hogares y desde lo turístico es una parada obligada para los que circulan por la ruta que conecta desde y hacia Guayaquil.

Aunque las bondades de este parque no están en discusión, el pasado 8 de octubre un Tribunal de Garantías Penales frenó una acción que era considerada como riesgosa para la biodiversidad del lugar, la construcción de una estación de bomberos en el sector de Illincocha.

María Cecilia Carrasco, administradora de áreas protegidas, asegura que la decisión de parar la construcción fue acertada, porque a través de inspecciones e informes técnicos y científicos se determinó que la obra irrespetó algunas cláusulas del comodato firmado entre la institución bomberil y el Ministerio del Ambiente y Agua.

Al inicio el comodato iba a ser por 50 años, pero cree que a largo plazo esta obra, ubicada al pie de una laguna, iba a afectar al ecosistema y a las aves endémicas del lugar como el pico cono gigante o el azulito altoandino. Además, podría existir contaminación en fuentes hídricas.

El Ministerio del Ambiente y Agua emitió un comunicado, en julio de este año, en el que explicó que «en el 2018 suscribió un convenio de comodato con el Cuerpo de Bomberos Voluntarios de Cuenca para la entrega de una infraestructura existente en el Parque Nacional Cajas para los próximos 50 años, cumpliendo con todos los procesos administrativos, técnicos y legales , de conformidad con la normativa ambiental vigente«.

Carrasco explica que el principal beneficio del Cajas, ubicado a 13, 5 kilómetros de Cuenca, son los recursos hídricos que originan los ríos Tomebamba y Yanuncay, originados por más de 4.000 lagunas, conectadas entre sí en un sistema denominado paternóster y que posteriormente alimentan a las plantas potabilizadoras de El Cebollar y Sustag.

Con esto el 40% de los habitantes reciben un agua de calidad en sus hogares sin que existan mayores procesos químicos o físicos. Para garantizar que el agua de las cerca de 4.000 lagunas esté limpia personal de la Empresa municipal de agua potable (ETAPA) realiza constantes monitoreos en las diferentes cuencas.

El pasado lunes 12 de octubre, Cecilia Arízaga, ingeniera de análisis de laboratorio, monitoreo físico – químico del agua, estuvo en Patoquinuas tomando una muestra del líquido para llevarla al laboratorio para medir los niveles de oxígeno, la temperatura, el Ph y otros detalles que permitan conocer cómo está.

Lleva en este trabajo varios años y cuenta que el Cajas es un lugar donde las condiciones del agua son excelentes porque no hay intervenciones externas. Asegura que tener este sector a pocos kilómetros de la ciudad es un privilegio porque “si tenemos un agua de una buena condición así mismo va a llegar a los hogares”.

El Cajas también es una zona ideal para turistas. Las áreas más visitadas son La Toreadora y Llaviucu, sitios en los que se puede caminar, pescar y admirar el paisaje. El ingreso no tiene costo, salvo que se vaya a acampar. Es obligatorio registrarse en las casetas de seguridad.

Pero en el parque también hay historias que envuelven a los visitantes. Una es la del Camino de García Moreno en la laguna La Toreadora, según datos históricos durante la presidencia de Gabriel García Moreno (1861-1865 y 1869-1875), se usó este trayecto para conectar comercialmente a la Sierra con la Costa.

Otro, quizá el más conocido, está en el sector más alto, en Tres Cruces, ubicado a 4.167 metros sobre el nivel del mar. Desde el mirador se observa una parte de las lagunas y más abajo está un letrero de madera en el que se lee: “Cuenta la historia acerca de algunos viajeros que transitaban por este lugar, morían por el intenso frío. Era tradición de todo caminante rezar un Padre Nuestro en memoria de las almas de los difuntos, y en señal de haberlo hecho colocaban una piedra al pie de las cruces a manera de reverencia y protección durante el resto de su travesía”.

Al parecer la historia aún tiene vigencia porque estos signos religiosos hasta el día de hoy están cubiertos de pequeñas piedras.

Fuente: El Universo