Por: Redacción Cultura
La XVI edición de la Bienal de Cuenca se ha visto envuelta en un tenso episodio de intento de censura. Hernán Pacurucu, director del evento cultural, denunció públicamente haber recibido amenazas directas por parte de un grupo autodenominado “Dios, Patria, Orden y Tradición”, quienes exigen el retiro inmediato de una obra del artista ecuatoriano Fernando Falconí.
La pieza en discordia, titulada «Campo de Juego», se encuentra expuesta en el Museo Universitario y consiste en una instalación que recrea una cancha de fútbol utilizando tierra traída de las Islas Malvinas, acompañada de videos con cánticos fúnebres de padres de las víctimas del conflicto bélico.
Cronología de la intimidación
Según detalló Pacurucu, el hostigamiento escaló rápidamente. El primer incidente ocurrió cuando un sujeto, tras registrarse en la entrada, ingresó a la oficina del director y le entregó personalmente una carta. El documento, sin remitente ni firma responsable, instaba a cerrar la obra argumentando que «atentaba contra la honra de las autoridades militares y del Presidente», y cuestionaba que la Bienal se involucrara en política en lugar de dedicarse a «hacer belleza».
«En primera instancia lo tomamos con ligereza, pensando que era la opinión de un fanático», admitió Pacurucu. Sin embargo, la situación se tornó crítica cuando llegó una segunda comunicación vía correo electrónico. Esta vez, el grupo lanzó un ultimátum con fecha y hora para el cierre de la exposición, advirtiendo que de no hacerlo, «tomarían las medidas necesarias».
Acciones legales y seguridad
Ante la gravedad de la coacción, la dirección de la Bienal activó sus protocolos de crisis. Pacurucu confirmó que ya se ha presentado una denuncia formal ante la Fiscalía General del Estado.
«Al revisar el código IP del correo, nos rebota a Alemania y utiliza un sistema de encriptación suizo de alta seguridad. Esto nos hace dar cuenta de que no son amateurs, son personas que saben lo que hacen y que se ocultan», explicó el director.
Como medida inmediata, se ha solicitado a la Guardia Ciudadana redoblar la seguridad en las sedes y se ha incrementado el número de mediadores para proteger tanto la integridad de la obra como la del público asistente.
El arte como memoria, no como ofensa
Pacurucu defendió enérgicamente el trabajo de Fernando Falconí, curado por la argentina Marcela Römer. Explicó que la obra no busca atacar a las Fuerzas Armadas, sino «humanizar el dato y la cifra» a través de un acto estético y simbólico.
«Los cánticos que se escuchan son de origen afrodescendiente, comunes en funerales, utilizados aquí como un proceso de sanación. El artista busca recordar que las víctimas no eran números, eran niños que jugaban fútbol, eran deportistas», sostuvo el director.
«No habrá censura»
A pesar de las amenazas, la postura de la Bienal es inamovible. Pacurucu aseguró que la obra permanecerá abierta al público hasta el cierre del evento, el próximo 1 de febrero.
«El arte es un proceso absolutamente libre que no puede ser censurado. Al intentar coartarlo, no solo pierde el artista o la institución, pierde el público y la ciudadanía, a quienes se les limita la posibilidad de ver y generar su propio criterio», concluyó Pacurucu, invitando irónicamente a los miembros del grupo censor a una visita guiada para entender la verdadera dimensión de la obra.









