Cuenca brilla en sus 463 años

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El paso apurado de un hombre que lleva puesto un cubreboca y el sonido que produce el roce de las llantas de un vehículo con los adoquines, rompen la soledad y el silencio que reina en la ciudad.

Las familias miran pensativas desde sus ventanas cómo su terruño cumple 463 años de fundación. No hay espacio para el festejo por temor a la muerte que vuela encubierta en una plaga llamada coronavirus y obliga al confinamiento.

El silencio que hoy reina en la ciudad nos lleva a recordar los escritos de los historiadores, quienes con fino leguaje describen que el 12 de abril de 1557, por orden del Virrey del Perú, Andrés Hurtado de Mendoza, don Gil Ramírez Dávalos fundó Cuenca.

El sitio escogido para la nueva ciudad fue al noroeste de la llanura de Paucarbamba, rodeada por cuatro ríos y verdosos prados.
En esa misma llanura, por la cuarentena, ahora se escucha claramente el trinar de los pájaros, el correr del agua de los ríos y donde se aprecia el verdor de los árboles que se mecen por el viento y lluvia que purifica la tierra.


Celebración
Estuvimos acostumbrados a festejar la fundación de Cuenca con coloridos desfiles, bulliciosos shows artísticos, con interminables horas de farra al aire libre y derroche de dinero.

Políticos, empresarios, periodistas, artesanos y otros sectores sociales reclamaban a las autoridades que presenten oportunamente el programa de festejos, ahora no hay voces que contradigan que esos recursos económicos sean designados para afrontar la emergencia sanitaria.

En este aniversario de la ciudad, el canto de las aves reemplazan a las orquestas, las estrellas a los juegos pirotécnicos, las sirenas de vehículos de emergencia a los discursos, los mandiles blancos de médicos y enfermeras a los planes de contingencia para el feriado y el toque de queda a la presencia policial en parques y lugares de concentración masiva para prevenir desmanes.
El aislamiento social por la pandemia nos permite revisar los escritos de historiadores e investigadores sobre la fundación de este rincón de la Patria, para conocerla mejor y quererla.

Gracias a esas crónicas se sabe que el nombre de Santa Ana de los Ríos de Cuenca se debe a que está atravesada por el Yanuncay, Tarqui, Tomenbamba y Machángara y porque los españoles tenían la costumbre de dedicar a las nuevas ciudades a un santo de la iglesia católica, es esta caso a Santa Ana, madre de la Virgen María.
Cuando pase la pandemia tendremos la oportunidad de visitar sus encantos, entonando el capizhca: “Por tus cholas buenas mozas, por tus longos bien plantados, por tus mañanas preciosas, y tus cielos estrellados. Por tus ríos cantadores, por tus chapas pitadores, por tus cuyes bien asados, y por tu mote pelado. Por eso, por eso, por eso te quiero Cuenca”.

Fuente: El Tiempo