Cuenca, los rostros de la informalidad

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Por Tomás Villota, Liliana Llanes, Tania Párraga y Cristina Mora

Las estadísticas dicen que en la ciudad de Cuenca más de 204 mil personas cuentan con un empleo, y que los desempleados son menos de 8 mil. Sin embargo, cuatro de cada diez empleados no alcanzan a ganar el sueldo básico, y eso, sumado un costo de vida que se incrementa, favorece el aumento del trabajo informal, como la venta ambulante, que en los últimos años se ha incrementado. Esta es la situación en voz de sus protagonistas.

CUENCA, Azuay.- Es miércoles, 09:30 de la mañana y el sol abriga las actividades en el sector de la Feria Libre que está en su apogeo. Los vendedores unos sentados bajo el portal de negocios, y otros que recorren las veredas, ofertan sus productos a viva voz, compitiendo con la música que sale de los  parlantes, la bocina de los carros, y el sonido del tranvía que divide la Avenida de las Américas.

Una de estas voces es la de Eudosia Sígsig. Ubicada en un rincón, vende peinillas, pilas, linternas, cargadores, audífonos y otros artículos que se exhiben en su andador. El aparato que le ayuda a moverse, debido a que tiene una discapacidad física, también es el escaparate de su puesto de trabajo.

“Decidí salir a vender en las calles por la necesidad. Y porque no tengo quién me ayude”, explica la mujer de 75 años. “Yo necesito pagar el arriendo, la comida y necesito sobrevivir”.

Sobrevivir consiste en pagar un arriendo de 70 dólares mensuales, el taxi diario –unos tres dólares–, y la comida. Explica que anteriormente recibía el Bono de Desarrollo Humano, 50 dólares que el Gobierno le daba cada mes para ayudar con sus gastos; asegura que no conoce la razón por la que dejó de recibirlo. Así que con los 75 años y su condición física a cuestas, y a pesar de que la gente y los funcionarios la miren mal, todos los días sale a la calle a trabajar.

Eudosia es parte de los más de 8.000 comerciantes autónomos o informales que se registran en la ciudad, según los datos de la Dirección de Mercados del Municipio de Cuenca, entidad encargada de regular el comercio formal e informal de la ciudad. Muchos de ellos viven en una situación similar: personas de la tercera edad, personas con discapacidad, madres solteras, jóvenes que no consiguieron un cupo universitario o que no encuentran trabajo, padres y madres de familia a quienes la necesidad obliga a salir para llevar lo mínimo a la casa. La posibilidad de percibir un salario básico de 450 dólares les resulta lejano, y lo poco que ganan apenas sirve para subsistir.

Norma Villagrán, Eudosia Sígsig, y Catalina Zhungur, vendedoras en Feria Libre. (Foto: Cristina Mora).

A pocos metros del puesto de Eudosia está el de Margarita Galán, vicepresidenta de la Federación de Comerciantes Minoristas del Azuay (FEDACOMI), que alberga a 1.400 comerciantes autónomos. Margarita vende productos de higiene, chips de celulares, carcasas para celulares, e inciensos, y señala que detrás de cada vendedor existe una historia, una realidad compleja.

“La informalidad ha aumentado porque hay mucho desempleo. Si antes éramos 1.000 o 2.000 comerciantes, hoy estaríamos hablando de 5.000”, explica la dirigente, quien asegura que ha habido un incremento de comerciantes informales en varios puntos de la ciudad después de la pandemia. “Muchos hogares se quedaron sin sus padres, muchas fábricas y empresas cerraron, entonces eso derivó a la informalidad”.

La Feria Libre no es la única zona donde se observa el incremento del comercio informal. Alrededor del mercado Nueve de Octubre, e incluso en las calles cercanas al Centro Histórico, los comerciantes han hecho de las veredas el espacio donde instalarse con sus mercaderías: calzado, ropa, comida, frutas, artículos tecnológicos, embutidos, verduras, hasta carnes.

Margarita Galán, vicepresidenta de la FEDACOMI. (Foto: Cristina Mora).

Margarita inicia la jornada a las siete de la mañana, termina a las siete de la noche, y para ella no existen ni fines de semana libres, ni días feriados.

Doce horas de trabajo diario en las que, explica, “hay días que no se llega a vender ni seis ni siete dólares. Los días de feria, los miércoles, anhelamos vender algo más, pero realmente no se puede porque, como se dice: ‘la informalidad atrae más informalidad’, y esto se llena de más vendedores”.

Y no solo eso: quienes trabajan en la Feria Libre están conscientes de que la informalidad no solo atrae más vendedores, sino que también lleva de la mano algunos problemas como desaseo, desorden y en ocasiones delincuencia. “A veces hay personas que se disfrazan de vendedores ambulantes y vienen a delinquir. Esa es la mala perspectiva que tiene la ciudadanía contra los comerciantes informales”.

EL ALTO COSTO DE VIVIR

Cuenca es una ciudad de contrastes. Sobresale a nivel nacional (con el 60 %) como la ciudad con mejor empleo pleno (personas que laboran 40 horas a la semana y perciben al menos un Salario Básico Unificado de 450 dólares), por encima de grandes ciudades como Quito (56,9 %)  y Guayaquil (49,4 %), pero también es una de las ciudades con la canasta básica familiar más cara del país. Es la ciudad con el costo más alto de alquiler de vivienda, y mantiene una media de empleo informal por arriba del 25 por ciento, de manera que las condiciones están dadas para que la población viva en una permanente vulnerabilidad económica.

Otro ejemplo: En Cuenca, 203.844 personas cuentan con un empleo con una mediana de sueldos de 517,9 dólares, mientras 8.650 están desempleadas, según las cifras de la Encuesta Nacional de Empleo, Desempleo y Subempleo emitido por el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INEC) que recoge los datos del segundo semestre de 2023.

En el caso del empleo en el sector informal, que es donde se ubica la mayor parte de quienes venden en la vía pública, durante el último año se registró un incremento, del 50,6% en el segundo trimestre de 2022, al 52.1% en el mismo periodo de 2023. Son quienes están dentro de esta estadística quienes no perciben ni un sueldo básico unificado al mes, y con eso deben pagar por esa vida que no cesa de encarecerse.

Cuenca es una de las ciudades con la canasta básica familiar más cara del país –entendida como el conjunto de bienes y servicios imprescindibles para satisfacer las necesidades básicas del hogar “tipo”, compuesto por cuatro miembros con 1,6 perceptores de ingresos–. En julio de 2023, el precio de la canasta básica en Cuenca era de 808,32 dólares, más bajo que Quito (811,91 dólares) y más alto que Loja (779,29), Ambato (768,05 dólares) o Guayaquil (800,46 dólares).

Se incluye el costo de las viviendas donde Cuenca también tiene un lugar estelar como la ciudad con el mayor costo promedio de alquiler, 198,07 dólares; notoriamente por encima de ciudades como Loja (161,63 dólares), Quito (163,05 dólares), Ambato (154,48 dólares) o Guayaquil (168,97 dólares), también según el reporte del INEC a julio de 2023.

Infografía: Cristina Mora

DIME QUÉ Y DÓNDE VENDES, Y TE DIRÉ QUIÉN ERES

Mientras abre un paraguas para proteger sus productos de la lluvia que acaba de empezar, Margarita, la dirigente de los comerciantes, refuta a las autoridades que los señalan a ellos, los vendedores, como los responsables del aumento en la informalidad.

“Es la misma necesidad y el hambre que atrae más vendedores ambulantes”, afirma enérgica Margarita. Insiste en que son mal vistos, pero que casi nadie se interesa por saber más de su realidad cotidiana: en días buenos, “cuando nos va súper bien”, pueden vender entre 25 y 30 dólares; en los malos, cuando llegan a vender sólo entre 6 o 7 dólares, “con esto solo alcanza para un dólar de huevos, una leche y a dormir, porque ya no hay más”.

Xavier Aguirre, director de Áreas Históricas y Patrimoniales del Municipio de Cuenca, califica al crecimiento de la venta informal en el Centro Histórico dependiendo no de la situación de cada vendedor, sino del producto que vende. Hay unos 40 vendedores que cuentan con permisos para vender en puntos específicos productos que son tradicionales, considerados como parte del patrimonio; a estos, los diferencia de quienes hacen uso del espacio público con actividades y ventas de productos no tradicionales.

“Me refiero a gente que entorpece la normal circulación del peatón. Hablo de la contaminación visual y auditiva, ahí justamente cabe el tema informal, porque son personas que arbitrariamente se toman el espacio público”, dice el funcionario, y hace referencia a una serie de controles en coordinación con la Guardia Ciudadana para “cumplir con el orden del espacio público”.

Sin embargo, Diego Cedillo, director de Mercados, asegura que en los últimos años no ha existido un plan para manejar el comercio autónomo dentro de la ciudad.

“Es una situación compleja. Estamos todos los días recolectando información sobre cuáles son los giros de negocios que se están generando alrededor del comercio autónomo”. De acuerdo a la información recopilada por la dependencia a su cargo, se ha identificado a unos 8.300 comerciantes autónomos en toda la ciudad. “Esto es un número bastante grande que se ha incrementado tras la pandemia”.

Con esto coincide Rodrigo Mendieta, analista económico de la Universidad de Cuenca, quien señala que el trabajo informal se volvió la opción para subsistir para los trabajadores tanto de Cuenca, como del resto del país, que se quedaron sin empleo. El académico añade que Ecuador es el país de la región que más lentamente se ha recuperado después de la pandemia y que, a pesar de la realidad que se evidencia en las calles, hay ciudades que tienen peores escenarios con respecto a la informalidad.

A esta combinación de factores se suma la crisis de seguridad que se vive en Ecuador. Mendieta considera que, en este contexto, “no podemos satanizar el trabajo de las personas que han buscado formas de llevar el pan a casa a través de actividades autónomas. Lo que sí, es que el Estado debería garantizar el empleo a través de acuerdos con el sector privado, que es el principal generador de plazas de trabajo”.

Fotos: Xavier Caivinagua


ORDEN Y REUBICACIÓN

Si los momentos de crisis suelen incrementar la búsqueda de soluciones, el momento por el que atraviesa Ecuador, y en particular Cuenca, ha generado la formación de un frente de trabajo que incluye a la Dirección de Áreas Históricas, la de Mercados, la Dirección de Avalúos y Catastros, la Fundación el Barranco y otras entidades municipales, para buscar una alternativa de reubicación de estos comerciantes.

Una de las propuestas de este grupo es la adecuación de 300 puestos –para 600 personas– ubicados en dos plataformas cuya construcción estaría en planeación, para reubicar a los comerciantes. Para socializar la propuesta, el Municipio ha organizado algunas reuniones en las que han participado funcionarios y representantes de los comerciantes autónomos.

Mauricio Zambrano, presidente de la Asociación Nueve de Enero que reúne a comerciantes del sector del mercado Nueve de Octubre participó en una de ellas. Habló por sus compañeros, personas de la tercera edad y con discapacidad que no pueden dejar de trabajar, y  mostró la predisposición de los comerciantes para dejar las calles, “pero necesitamos tener un lugar y un espacio digno”. Espacios con casetas y seguridad para los comerciantes, serían algunas de las demandas de quienes aceptarían la reubicación.

Margarita, también desde su rol de dirigente, coincide en la necesidad de reubicarse en otros espacios, pero, enfatiza, tiene que ser un sitio a donde vayan todos.

“Todos los comerciantes tenemos la misma realidad. Le queremos decir a la ciudadanía que nosotros tampoco queremos estar en las calles, que las necesidades nos obligan. Y los comerciantes organizados somos los que damos la cara y los que les defendemos”.

En la ciudad de Cuenca el trabajo informal se ha convertido en la alternativa para quienes no logran tener un empleo fijo. Algunas de las mujeres que se dedican a esta actividad lo cuentan en primera persona.

CATALINA ZHUNGUR

Tiene 38 años y trabaja desde niña en un puesto de venta de verduras y fruta, en el sector de la Feria Libre.

Tiene dos hijos menores de edad: una adolescente de 17 años y un niño de 8 años que tiene TDAH (trastorno por déficit de atención con hiperactividad) incluido con TEA (trastornos del espectro autista).

Por la situación económica el esposo de Catalina, Víctor, migró a Estados Unidos hace cuatro meses.

“Ahora somos una familia disfuncional, una familia descompuesta”, dice entre lamentos, pero esperanzada en que su hijo, quien necesita medicinas y tratamientos por su condición de salud, pueda tener algo de ayuda, ya que no recibe asistencia desde el sector público.

Guarda la esperanza de que su hija mayor pueda ingresar a la universidad para que tenga un futuro diferente al suyo, pero está consciente que eso es cuestión de suerte, pues está al tanto de que en Ecuador y en Cuenca hay más graduados que cupos disponibles en la universidad pública.

EUDOSIA SÍGSIG

Tiene 75 años y los últimos ocho se ha dedicado a la venta informal.

“Decidí salir a vender en las calles por la necesidad. Y porque no tengo quién me ayude. Yo necesito pagar el arriendo, la comida y necesito sobrevivir”, dice la mujer que además tiene una discapacidad física y recibe la ayuda de sus compañeras para movilizarse en taxis.

Eudosia vive en una pequeña habitación por la que paga unos 70 dólares al mes. Cuenta que, en el mejor de los casos, en un mes puede llegar a ganar 100 dólares. “Mi jornada laboral comienza desde las siete de la mañana y me quedo hasta las cinco de la tarde”.

Cuenta que cuando vuelve a casa tiene que sentarse en un banco para cocinar y para hacer todo. “Este puesto de trabajo autónomo es mi único subsistir”, recalca. Por el momento, tiene la esperanza de que le vuelvan a incluir entre los beneficiarios del Bono de Desarrollo Humano para recibir la cuota mensual del Gobierno, que recibía anteriormente, para tener algo de alivio económico.

NORMA VILLAGRÁN

Es comerciante y presidenta de la Asociación Mano Amiga, que acoge a gran cantidad de mujeres con diversas historias, pero a quienes unen las ganas de salir adelante. Creó esta asociación ante la necesidad personal de tener un espacio junto a otras personas que comparten las mismas necesidades.

Norma llegó de otra ciudad a Cuenca, y una vez aquí, fue víctima de robo y se quedó sin nada. “Fue duro porque yo tengo siete hijos; entonces busqué las mil maneras de salir adelante”, recuerda rodeada de otros compañeros comerciantes.

“Aquí todos somos de bajos recursos económicos. Hay algunas madres solteras, algunas de la tercera edad; hay quienes no tienen familiares. Eso me motivó para seguir adelante trabajando por ellas y por mí también, porque yo también necesito llevar el pan a mi mesa”.

Organizados, adquirieron carpas para los puestos de venta, porque trabajaban con parasoles y la mercadería se mojaba o la robaban. En la actualidad, Norma vive con un hijo y un nieto. “Las ganancias que tenemos son para vivir del día a día”, afirma, detallando que por producto puede ganar entre un dólar o tres dólares. “Nadie de aquí hemos tenido esa oportunidad de tener un empleo, y por eso estamos aquí”.

ZOBEYDA CÓRDOBA

Zobeyda Córdoba, de nacionalidad peruana tiene 40 años, es madre soltera y vende prendas de vestir en unas carpas que organizaron las comerciantes autónomas de la Asociación Mano Amiga, en el sector Feria Libre.

Cada mañana Zobeyda se levanta a las 5:30 AM para preparar el desayuno, luego deja a su hijo Owen Isaac en la escuela y emprende su marcha con su carretilla de carga llena de mercancía para comenzar la jornada laboral.

Zobeyda cuenta que no gana mucho, suele ganar entre 1 o 1,50 dólar por prenda vendida. “Siempre he sabido que el comercio de una a otra manera da para sobrevivir”, asegura. Tiene un problema de salud en la columna que le impide caminar bien. Dice tener problemas de vista. “Entonces necesito lentes, pero ya me he acostumbrado a andar sin ellos”.

Como parte de su rutina diaria, Zobeyda transporta una carretilla de carga, a pesar que tiene una discapacidad física en la pierna tras sufrir un accidente. Le diagnosticaron una alergia al sol y le recomendaron que no podía salir unos seis meses, pero ella no puede dejar de trabajar. “Eso es algo imposible, tengo que salir a trabajar todos los días porque es lo que necesito”, dice sin perder la sonrisa.

Este reportaje fue elaborado como parte de la primera temporada de Voces Emergentes Ecuador, un proyecto de InquireFirst que busca potenciar a las y los jóvenes talentos del periodismo en Ecuador. Esta y otras historias las podría encontrar en vocesemergentes.com