Noboa defiende en Washington su polémica ofensiva militar contra supuestos narcotraficantes

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El presidente de Ecuador, Daniel Noboa, aliado ideológico de Donald Trump, se ha dado un baño de aplausos durante su visita de dos días a Washington. Mientras en el Congreso un grupo de legisladores exigía la suspensión de las operaciones militares conjuntas de su ejército y el de Estados Unidos contra supuestos narcotraficantes, el mandatario del país andino ha promovido en cada una de sus actividades sobre su política de mano dura contra el crimen organizado. Sobre las misiones militares conjuntas, asegura que aquella primera serie que suscitó las críticas ya ha terminado, pero sostiene que podría haber otras en el futuro próximo. “Estamos en una guerra”, ha argumentado. Eso sí, apunta que el estado de excepción que ha venido rigiendo en su país no se prorrogará cuando expire el nuevo plazo, el 1 de junio.

Uno de los presidentes favoritos de Trump en América Latina —con permiso de Javier Milei en Argentina o de Nayib Bukele en El Salvador—, Noboa recibió —pese a la ausencia de su aliado, de visita de Estado en Pekín— la alfombra roja. El miércoles se reunió con el vicepresidente J.D. Vance y recibió el premio del Instituto de Liderazgo Hispano en el Congreso (CHLI, por sus siglas en inglés). Este jueves, ofreció una charla en el think tank Atlantic Council y participó como invitado de honor en una sesión protocolaria en la Organización de Estados Americanos (OEA). En esta última no estaba presente el embajador mexicano, Alejandro Encinas: ambos países no mantienen relaciones diplomáticas desde que en abril de 2024 la policía ecuatoriana irrumpió en la Embajada del país norteamericano en Quito para detener al exvicepresidente Jorge Glas, asilado en esas instalaciones tras haber sido condenado por corrupción.

Ecuador lanzó una vasta ofensiva policial y militar contra los cárteles de la droga, muy elogiada por el Gobierno de Donald Trump, ante la escalada de la violencia por parte del crimen organizado: en los últimos cinco años, el país pasó de contar con uno de los índices de homicidios más bajos de América Latina a superar los 50 por cada 100.000 habitantes en 2025, el año más violento de su historia.

Para contrarrestarlo, en dos años y medio, ese país ha estado 849 días en estado de excepción, casi el mismo tiempo que Noboa lleva en el poder. Durante ese plazo, el presidente —criticado por las organizaciones de derechos humanos por su deriva autoritaria, en la que ha arremetido contra el Tribunal Constitucional y los medios de comunicación, entre otros— ha decretado siete toques de queda: su principal estrategia contra la violencia, y que ha restringido durante 275 días la libre movilidad de las personas. Ha estrechado su colaboración con las fuerzas estadounidenses para combatir a supuestos narcotraficantes, sea en ataques contra supuestas narcolanchas en el Pacífico oriental o sea en las misiones conjuntas que en mayo pasado bombardearon supuestos objetivos en la zona fronteriza norte con Colombia.

Una veintena de congresistas ha exigido el fin de esas misiones conjuntas —que, según puntualizan, no cuentan con la autorización preceptiva del Congreso estadounidense— en tanto se abre y desarrolla una investigación sobre posibles violaciones de los derechos humanos y la muerte de civiles inocentes: una información del New York Times encontró que en aquellas operaciones resultó atacada una granja lechera sin vínculos con el narcotráfico. El presidente ecuatoriano defendió este jueves aquella acción: las acusaciones, según él, son “infundadas”. “Actuamos según datos de inteligencia. Esos alegatos no pueden probar que se trataba simplemente de civiles que no tenían nada que ver con el narcoterrorismo o con dar refugio a guerrilleros, ha sostenido, en su charla en el Atlantic Council.

Aumentar la colaboración militar

Aun así, Noboa ha expresado su deseo de aumentar la colaboración militar con Estados Unidos. “Lo espero, sí”, ha respondido a una pregunta de la moderadora durante su intervención en el think tank. “El 40% de las drogas que salen de la región acaban en Estados Unidos, otro 40% en Europa. Es un problema continental”, explicó. “Es más barato, mejor y más seguro para los estadounidenses resolver el problema en su origen”.

El mandatario también ha defendido los ataques contra las supuestas narcolanchas, pese a que expertos, organizaciones humanitarias internacionales y algunos legisladores estadounidenses denuncian que se trata de ejecuciones extrajudiciales. “Tenemos datos claros de miles de lanchas pesqueras interceptadas en toda la costa ecuatoriana, hasta El Salvador, que transportan droga, porque ese es el sistema”, apuntaba, tras insistir en que esas embarcaciones no son barcos de pesca genuinos. “Es extraño que un pesquero pequeño se adentre en mar abierto en aguas internacionales, normalmente tendría que estar mucho más cerca de la costa, no tiene ningún sentido que esté ahí si lo que hace es pescar”, declaraba.

Lo que no hará, ha apuntado, es prorrogar el estado de excepción vigente tras la etapa actual de 60 días. “No se ampliará. Si hubiera otro momento en el que tuviéramos que llevar a cabo operaciones especiales, tendríamos que contar con un nuevo estado de excepción”, ha señalado en sus comentarios en el Atlantic Council.

Ecuador es uno de los países miembros del Escudo de las Américas, la asociación de países latinoamericanos de ideología conservadora lanzada por Trump en una cumbre en Florida en abril para colaborar en cuestiones de seguridad. La enviada especial del presidente estadounidense para esa asociación, Kristi Noem, antigua secretaria de Seguridad Nacional, era una de las presentes este jueves en la comparecencia de Noboa en la sesión plenaria de la OEA.

En el Salón de Embajadores, la imponente sala que la organización reserva para sus sesiones solemnes, Noboa —que habló en español antes de pasar a expresarse en inglés— advirtió de que su Gobierno mantendrá “distancia” con los países que no cooperen en esa lucha contra el narcotráfico, en una aparente referencia a las tensiones con el presidente colombiano, Gustavo Petro. “Hay algunas naciones que nos quieren ayudar y otras que no. Valoramos y agradecemos a aquellas que quieren apoyarnos y mantendremos cierta distancia con las que no lo hagan”, subrayaba en su discurso. Y volvía a defender su estrategia: para combatir la violencia “se necesitan decisiones fuertes y firmes”, aseguraba.

Ecuador ha acusado a Colombia de no hacer lo suficiente para combatir el narcotráfico, mientras que Petro ha acusado a su homólogo de intentar injerir en la política interna colombiana para favorecer a la derecha en las elecciones del próximo día 31.

Fuente: El País