La danza pierde ritmo en su día por la emergencia

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El encierro ha empujado a los creadores del arte a enfrentarse con la creatividad. En medio de una pandemia, que no permite a los consumidores del arte aglomerarse, las nuevas tecnologías se han convertido en aliadas. El gremio todavía busca fortalecerse.

Para Synnove Urgilez, artista de danza contemporánea de la ciudad, el confinamiento le ha permitido replantearse y analizar las falencias e importancia del oficio de la danza. Aunque esto ha significado conflictuarse desde muchos frentes, la conclusión es definitiva: “la danza me atraviesa, pasa por mi, más allá de mis deseos y conciencia permitiéndome momentos creativos, y a cuestionarme sobre mi día a día” agregó.

Estos instantes creativos, también le abren los ojos a repensar la importancia del oficio, algo que para ella no ha sido considerado por el medio social “no estamos pensando que el arte lleva de la mano a familias (…) nos falta entender que el arte es parte de nuestra vida”.
Parar le ha permitido reflexionar, dice Urgilez, iniciar un proceso de sanación que ha unido al gremio a través de reuniones virtuales. En estos encuentros, se han percatado que la industria cultural “que puede girar en torno a la pequeña industria” debe replantearse nuevas formas de llegar a los públicos, como acudir a barrios o pequeñas presentaciones en casa.

El encierro además le ha permitido ver en la tecnología algo antes ni se lo imaginaba “creía que la tecnología no funcionaba para compartir la danza, creía que era absolutamente lejana y distante a la realidad que para mi significaba este oficio, pero sí, funciona”. Infirió que si los artistas evolucionan, las instituciones culturales de la ciudad y el país deberán hacerlo con ellos.

Urgilez señaló que si bien no hay un frente que los represente, los artistas buscan mecanismos para activarse conjuntamente.
René Lema, director del Ballet Folklórico Llactapi Jatarishu grupo que es miembro del Consejo Internacional de Organizaciones de Festivales de Folklore y de las Artes Tradicionales, CIOFF, señaló que el panorama para la gente vinculada a la danza es crítico. Las presentaciones que se hacían en comunidades, teatros, barrios, instituciones se han reducido a muestras virtuales que no representan retribución económica necesaria para solventar los gastos de la gente.

No ha tenido acercamientos con colegas de otras agrupaciones para dialogar sobre las posibles salidas, sin embargo, dijo que estarían abiertos a realizar presentaciones a cambios de bonos para sus bailarines.
Bryan Jara, director de Kaypimikanchik Danza, dice que no existe una organización en la ciudad que los represente. Al existir esta falencia, cree que tampoco se pueden generar propuestas conjuntas para solventar la crisis.
Desde la independencia en la que se maneja, dice que es difícil pensar que una vez levantadas las restricciones, van a poder activarse. Según su proyección, este año “no nos recuperemos económicamente” dijo.

Carta
Hasta ayer, 37 artistas escénicos de la ciudad firmaron una carta abierta dirigida a la ciudadanía. En ella, hacen públicas las conclusiones obtenidas en una asamblea llevada a cabo de manera virtual en la que se hacen, fundamentalmente, dos cuestionamientos: ¿cuál es el rol de las instituciones culturales en estos tiempos? y ¿cuáles son sus propuestas?

El frente hace un llamado a que se declare al sector escénico cultural en emergencia. Piden transparencia de los presupuestos asignados a las instituciones públicas para la implementación de planes culturales y apelan al potencial que tienen las instituciones públicas para generar un puente entre las empresas privadas y los y las trabajadoras del arte.
También asegurar el sustento del trabajo artístico y sus propuestas creativas a corto plazo, y así consolidar la rentabilidad de este sector a largo plazo.

Exigen, entre otros temas: salvaguardar la vida y salud de los y las artistas escénicos en situación de riesgo y vulnerabilidad, con los presupuestos que cuentan las instituciones ya que solo el 8 por ciento de artistas escénicos tiene un trabajo estable, el 83 por ciento recibe una retribución inferior al salario básico, y el 73 por ciento posee seguro de salud. Sostener a los centros culturales: proponemos convenios de pago y compensaciones respecto de servicios básicos y arriendo. El 50 por ciento de estos espacios están en riesgo de cerrar.

Fuente: El Tiempo