La cárcel de Cotopaxi permanece bajo un régimen militar controlado por 1 200 uniformados

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El régimen arranca a las seis de la mañana, las 441 mujeres que están recluidas en la cárcel de Cotopaxi empiezan su jornada cantando el Himno Nacional.

A las 6:30 horas, luego de un calentamiento, hacen deporte mientras son resguardas por mujeres militares asignadas exclusivamente a sus cuatro pabellones.

Simultáneamente, otros militares abren los candados en las celdas de los 18 pabellones de varones de mínima, mediana y máxima peligrosidad.

Poco a poco, los 3 900 reos salen a los patios y también entonan el Himno Nacional, mientras en los techos los uniformados izan la bandera del Ecuador.

Luego regresan a sus celdas a desayunar y se turnan en las actividades: unos hacen ejercicios, otros limpian las áreas comunales o arreglan las plantas, otros reos, sacan la basura, van a las citas médicas, o se encargan de retirar la comida, todo con el acompañamiento de los soldados que están hasta en la cocina.

A las 12 almuerzan, nuevamente los militares abran las puertas, todos visten ropa naranja, tienen el cabello corto y en orden, con las manos hacia atrás, bajan. Toman su tarrina y jugo, se sientan en el piso en grupo de 20 presos, comen, pero antes deben orar.

Todo bajo el control de los militares que están armados en las escaleras, patio y techos hasta con francotiradores. Algunos prisioneros aceptaron hablar con Televistazo y dijeron que sienten un cambio.

«Tenemos nuestras tres comidas, cada quien tiene su colchón, tenemos dos cobijas, nuestros útiles personales, tenemos más orden, más disciplina».

Remarcaron que ya no hay privilegios para determinados reos, en medio del recorrido encontramos a Daniel Salcedo, recientemente deportado y buscado por la justicia por el Caso Metástasis, estaba sentado en una celda del pabellón transitorio idéntica a las demás.

Con el ingreso de los 1 200 militares, los papeles en esta cárcel cambiaron, los guías solo tienen contacto con los presos que salen a las audiencias y ahora son los policías los que están en los filtros exteriores. Antes de las siete de la noche, las puertas de las celdas se cierran, y se duplica la presencia militar, pues los presos dañaron el 80% de la conexión de energía eléctrica.

Durante la madrugada y a lo largo de las 70 hectáreas del perímetro asignado al reclusorio, se suman al patrullaje cuatro vehículos cobra, a las seis de la mañana, estos carros de guerra, ingresan todo esto, según describen los uniformados, con el fin de que las bandas narcocriminales no vuelvan a operar desde el interior de este Centro de Detención.

Fuente: Ecuavisa

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